
Hoy, aquí, estudiando-trabajando en un Madrid plomizo y gris que nada o poco envuelve, salvo la esperanza de una primavera que arroje más luz y más calor a este cuerpo que desea despertar. Ayer (en marzo del año pasado), caminando por una de esas playas infinitas que abrazan Brasil, arañando arena, sueño y realidad por un instante.
Porque como escuché un día en un Taller de Poesía...
la vida es paradoja.