(Voz fr.).
1. com. Persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas.
Huelga de metro, sólo servicios mínimos entre las 7 y las 9 am. No voy sólo, Van ha decidido apretujarse conmigo en el vagón. La portada crepuscular de su Avalon magnetizó mi alma desde el primer instante. El comboy abandona la oscuridad de la primera estación, y enconsertados nos arrojamos a la luz natural de las paradas de Batán y Lago. Enciendo mi Mp4. El piano de "Whenever God shines his light" me hace sonreir. La chica de la esquina me mira, y juntos nos imaginamos. En ese momento, con un movimiento inadvertido paso al siguiente corte, "contacting my angel".
Quizá por eso de que afuera reina por fin la diosa Luz, me han entrado fuertes deseos de reecontrarme con el azul lisérgico de la noche y sus ritmos entrelazados. Wind, Charada, Cool y sobre todo el Mondo son referentes inexcusables de la cultura "club" madrileña. A veces compensa una buena siesta y retrasar tu ocio hasta la hora que dicte el gurú de la sala elegida. Una vez allí, sólo es cuestión de dejarse atrapar por la marea de belleza y la estética impuesta. Eso sí, sin pretensiones ni aspiraciones heroicas.
Qué ilusión me hizo hace ya algunas semanas pasarme por mi frutería y toparme de frente con esas cajas repletas de fresones onubenses. Sé que sois legión los fans de las fresas con nata, o que otros las dejáis macerar en leche, o las coméis simplemente con azucar. A mí me gustan en batido. Leche de soja, azucar morena, fresas, dos cubitos de hielo pequeños y batidora al canto. Luego simplemente echar un buen trago y sentir ese frescor púrpura inundando tu organismo. ¡Buahh qué rico!
El pasado 30 de Enero murió este honorable alemán, de profesión juguetero e inventor de los famosos clicks de playmobil. Cuando leía el otro día el artículo en la prensa me vinieron multitud de reflexiones a la cabeza. De repente ponía nombre y cara a un personaje que ocupó una parte extensísima de mi infancia cubríendola de imaginación y fantasía a lo largo de tantos años. Los clicks fueron mi juguete por excelencia (desplazados a ultimísima hora por los GI.joe). Tardes infinitas en mi jardín mezclándolos con tierra, geranios y lagunas improvisadas. Mañanas sin final en casa de mis abuelas convirtiendo sus sofás en campos de batalla y redención. De cómo siempre me enamoraba de la caja de clicks que mi madre exponía en el escaparate de su mercería de la calle Cisneros y me los acababa pidiendo para el cumple. 
Catorce noches agolpadas en la trastienda de un tiempo agotado en su compromiso, como si de una parada técnica en una de esas fábricas de extrarradio se tratase. Tú, el animal rabioso que espera y desespera, que otorgará su golpe certero a la presa en el momento preciso frente a su primavera creciente. En medio de este desierto de personajes que ni están ya, ni se les espera, preparo mi asalto con los pocos que no desfallecen hacia estancias más altas en busca flores agrestes. “Lo bueno, para los buenos”. En medio de esta estepa, una película, un crepúsculo bañando días y noches con su estela de arándano. My Blueberry Nights va más allá de la ruptura, de los propios recuerdos o sus sueños anexos. Conmovido desde primer segundo de metraje por un color y una estética de tonos suaves, sumido en un atardecer sin final, deambulé junto a Elizabeth y Jeremy en esa exploración de los abismos que son la soledad y el vacío.

Mañanas como la de hoy, envueltas en este otoño lóbrego y desapacible sólo pueden levantarse de la mano de un buen disco. Hoy Mccoy Tyrner, eterno compañero de Coltrane, deshizo de un plumazo frío y dudas con su impresionante “flying high”. Volé hasta el mediodía creyéndome en uno de esos días soleados de verano donde todo apetece. De camino a Liencres junto a Marta, degustamos lentamente a Aaron, barriendo Molko asfalto y nubarrones a su paso. Me encanta el aspecto desangelado y triste de esta playa con filtro de luz B&W. Escenerio perfecto para un charla distendida y un reencuentro. En Maliaño, mis Arrancacorazones (un estrella en la Guía Michelín de los anfitriones) me esperaban Negroni en mano y compases de Cohen para dar carpetazo a la tarde de lunes. ¿Qué más se puede pedir? Permítanme sugerir un poquito de Sade y su Stronger than Pride para despedirse por hoy ahora que el único abrigo son las vigas de madera de esta buhardilla y esta canción titulada I Never Thought I'd See The Day.


Fue aterrizar y acribillarme de inmediato una ráfaga de pretérito y bienestar. El otoño se hizo presente nada más dar los primeros pasos alrededor del centro histórico de Oslo. Una naturaleza sublime y excelsa recogía las primeras miradas, en mi caso atónita y sin embargo entregada al espectáculo. Hay algo en estos países que me conecta al instante con ese "Yo" más inconsciente, un baúl que encierra en ocasiones verdades inconfesables. Deambular sin prisa y sin rumbo cierto por ese pueblo llamado Drobak era premiar a tus sentidos más agudos. ¡Qué gran país!¡qué rostros vieron mis ojos!, que diría el poeta. De las copas canallas a dieciseis euros (granizados de cocacola), del Masawa y de un país llamado Nigeria, de un tal circo mecánico así como de los tés que se combinan con cervezas en paradas obligadas
Durante mi periodo vacacional en Santander recibimos una visita inesperada y maravillosa, mi tío Miguel, uno de los mejores amigos de mi padre. Apenas estuvo con nosotros tres días, pero tuvimos tiempo de deshojar al menos un par de noches, y conversar de forma tranquila acerca de tiempos pretéritos y vigilias más perennes. Me confesó, que ahora que se prejubiló y se mudó a un pequeño pueblo de Extremadura, lleva una vida tranquila y conscientemente desordenada. Entre otras confidencias, me comentó que una forma de recordar a su viejo amigo y la pasión de éste por la bossa, era cenar todos los días junto a su mujer alrededor de las doce de la noche y acompañar ese ágape con las melodías brasileñas que nacen cada madrugada del programa de Radio3 “Cuando los elefantes sueñan con la música”. Me pareció un bello y sincero homenaje a la fidelidad.
Existe un proverbio chino que reza "del encuentro nace la vida", y afortunadamente a esa confluencia de seres y anhelos tuve la suerte de asistir a mitad del mes julio. Nuevamente mi mirada testimoniaba la unión de dos leyendas, dos poderosas cartas capaces de ganar en cualquier mesa. Mientras sonaban acordeón y violín en un unísono de enorme generosidad y belleza, me pareció que fuera de aquel palacio con vistas al mar el mundo se detuvo, conmovido quizá por el esplendor que reside al margen de lo dictado. Cambiamos el arroz por el gel de las burbujas, la opacidad del rigor por la verdad de los espacios improvisados. Saltamos en las fotos, bailamos a la sombra de un cielo abierto y canalla, degustamos miradas, comimos y bebimos todos juntos al cobijo de nuestra pareja. 
Hay películas que se ensamblan al alma del espectador desde el primer segundo de proyección, que devoran a su paso secretos y verdades inconfesables, alentando esa parte del espíritu que se niega a volar. "Hacia rutas salvajes" es un canto a la libertad individual y al atrevimiento, a la ruptura con la norma social que oprime y marca el peso del yugo. Quizá por aquello de que en la naturaleza encontramos siempre la verdadera esencia de lo que al fin somos:
Más allá del viaje físico, lo que verdaderamente nutre el alma es la imaginación, esa bizarría que nos hace volar hasta los límites infranqueables que entrelazan sueño y deseo. Existe una mezcla en mí en estos días de incuria y pereza, producida quizá por este bochorno hormigonado, que implacable, se ha instalado a este lado de la península. Frente a esta consciencia de reconocerme animal en la lumbre, el ritmo diario se ha impuesto y no ha cedido ápice alguno frente al vampiro atmosférico. Mi psique deambula ya sumergida en un futuro próximo, un horizonte fabricado de sal y atardecer, de huellas abandonadas a merced de una marea siempre acechante.
“Madrid es la capital del estrés, es muy difícil vivir en ella, pero eso a la vez te da un rango de héroe, de superviviente”.*
Últimos atardeceres desde mi terraza en Portazgo. El cambio ya es un hecho, y con él, la búsqueda de una nueva mesa de juego en la cual poder lanzar mis cartas al acecho de flamantes encuentros. No existe en mí esta vez excesiva presión. Cuando el crupier exclame su "abran juego", apartaré los viejos fantasmas y concentraré todo mi valor en esta azarosa apuesta.
Pese a la condena que supone regresar precipitadamente de ciertos sueños, no aminoran en mí las sensaciones de contundencia y vida experimentadas en mi pequeña Aufenthalt en Alemania. Hubo desde el comienzo una pretensión de grandeza, de anhelo conjunto por tocar terrenos oníricos, de pulsar la tecla exacta y reinventar la épica y el romance. Seis años quedaban atrás y los protagonistas de entonces renacían nuevamente en un paisaje dotado de pretérito y pasiones. Fue aterrizar y embriagarme completamente. Friedrich, el hermano para siempre. Su familia, un segundo hogar. Y Verena, dársena suave y cercana a la que poder arribar en una nueva ruta que se me imagina viable. Ha sido otra vez algo más que un enlace. Una historia de reencuentros (kasia, Ángel, Florian,Martin ...) de viajes en coche por carreteras secundarias, de conversaciones a fuego lento como el café que las acompañaba, de anhelos y aspiraciones posibles en un paisaje acogedor y hospitalario. La urdimbre de una unión que extendió su tejido de fantasía sobre la memoria de los allí presentes. Una fábula de la que una vez más fui afortunado testigo.

Ha sido una de esas semanas en las que todo parece haber salido por fin bien. La Casa Encendida me ha proporcionado estos días esa recompensa que de una forma u otra llevaba cierto tiempo esperando dentro del ambiente Magerit-iano. Spoken-word, Slam-Poetry, Perfo-Poesía, al final lo importante es la sensación tan placentera y tan comentada en estos días de curso: esa mezcla de sugerencia y extrañamiento que te provocan los caminos inexplorados y vírgenes. Ciertamente dulce ha sido compartir aula con personas tan interesantes e inquietas y saborear a ritmo pianissimo esos momentos que no se negocian como unas buenas cervezas en Lavapiés, los microversos de Ajo en petit comité, la lengua trovadora y canalla de Albert Plá o el clímax dialéctico creado por Mr. Escarpa y mis ocho compis de viaje.
La primera etapa de otras muchas que vendrán, estoy seguro.
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Obra: Disparos de Luz (Antonio Gómez)

Como a Lena en su motel, me invade el sueño en este fin de semana fabricado para el descanso y la quietud. Desnudo como ella, mi cuerpo yace en una habitación desordenada, repleta en su caos de tazas, libros y tareas pendientes. Todo parece postergado a otro tiempo próspero en apetencias y excesos vivaces.
Los que me conocen saben del valor máximo y definitivo que concedo a la Amistad. Código genético heredado, creencia desbordada o tal vez idealización consciente de un caudal que construye vida y alimenta la psique del corazón, son por sí mismos ley motiv de un estilo prominente y personal frente al paso de días y etapas. Estas dos últimas semanas han rebosado encuentros, confraternidad, ansiadas escenografías y copas canallas tras la caída del telón de la media noche.
Al llegar al apartamento esta tarde en Magerit he sentido la imperiosa necesidad de abrir la ventana del salón y asomarme a la vista ciclópea de la ciudad. Lejos de aquí, casi todo. Al alcance de mi mano los miles de trenes de los que todo el mundo habla y que no acaban de llegar. Dentro, vosotros, la marea que empuja y preside mi altar, la oración íntima antes de que llegue mañana. Aché.
Foto: Janko y quien firma en las orillas del Lago Skadar (Montenegro).



¡Abramos el botiquín!
.....Mostremos parte de su potencial, ¿no deseamos acaso un pronto restablecimiento?
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